jueves, 5 de abril de 2018

Reflexiones conmigo mismo


Reflexiones conmigo mismo

Como dice Joaquín Sabina, ese que no termino nunca de saber si canta cuando recita o recita cuando canta: A mis amigos no los juzgo, me limito a quererlos, y añado yo que si son amigos verdaderos los acepto con todos sus defectos.
En muchas ocasiones no se me ocurre nada, la inspiración lo mismo que viene se va. Las letras de mis prosas y versos mejores vienen y no sé cómo ni de dónde.
Pero también está el trabajo, hay que ser constante y hacerlo a diario.
Me encierro en mi estudio, cuando no escribo me relajo y leo aprendiendo de los grandes escritores a los que considero mis maestros.
Admiro la facilidad de palabra que tienen para escribir tan hermosas obras literarias, fábulas y cuentos. Soy un ferviente seguidor de todos y cada uno de ellos.
Así poco a poco las ideas van fluyendo como las aguas revueltas por el cauce de los ríos.  Les voy dando forma, unas veces en versos y otras en prosa.
Mis escritos nacen del mismo lugar que los sueños, la realidad incluye delirio y fantasía.
Mi mejor escenario es el estudio de mi casa, aquí no tengo los nervios del principiante, escucho recitando en voz alta las letras de mis versos y recibo el aplauso del público que me devuelve el eco en sus silencios.
No suelo tener problemas con mis seguidores en Facebook, en raras ocasiones me dirigen algún improperio o insulto.
No tengo fans que me persigan por la calle y como no voy de divo pues mi vida es soportable y muy agradable.
Me gustaría ser un miembro destacado de una nueva y vibrante generación de poetas a la que nadie aún ha puesto nombre.
He tomado el camino común de los jóvenes poetas, escribo todos mis poemas en diversos grupos en las redes sociales a los que pertenezco, en mis letras hablo de los temas universales, del amor y del desamor y con ciertas notas de ironía voy encontrando mi voz propia.
Mi temática se va abriendo poco a poco a otros problemas sociales y enristrando la lanza y subiéndome en un jumento salgo a los caminos a deshacer entuertos, como aquel famoso caballero de cuyo nombre no quiero acordarme. De la unión de lo fantástico y lo real sale la realidad.
Como dijo Emily Dickinson: Para viajar, no hay mejor nave que un libro.
Revindico el papel como el mejor medio para disfrutar de la poesía. Los poemas necesito tocarlos, dejarlos en la librería, marcar una página y volver a abrirlos dentro de un tiempo, para saber porque lo hice.
Aunque en las redes sociales han encontrado eco mis poemas, internet está dando dolores de cabeza a los jóvenes poetas, que ven como sus composiciones son plagiadas por piratas cibernéticos o divulgadas sin permiso, sin citarles e incluso pidiéndoles dinero si quieren aparecer como autores de los mismos.
La administración no esta haciendo nada. Me gustaría que se respetara el trabajo de los escritores.
Los jóvenes compran libros cuando ven cercanía, cuando aprecian que sus autores comparten problemas con ellos y todos crecen juntos. Se crea un cariño irracional, para después conseguir venir a cientos de personas en las presentaciones y recitales.
En este mundo tan lleno de individualismo y encerrarnos en nosotros mismos debemos preguntarnos como el Principito:
¿ Qué es la soledad
_Es un reencuentro consigo mismo y no debe ser motivo de tristeza, es un momento de reflexión.
En muchas ocasiones pienso y hablo conmigo mismo y siempre está a mi lado un personaje que interpreta mis pensamientos y da respuesta a los mismos.
La verdad que es incómodo oírse sin ser oído.
Aristóteles en su día dijo: Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos.
Debemos ser conscientes de que lo tenemos todo, solo hay que buscarlo dentro de nosotros, cultivarlo y tratarlo con cariño y la felicidad viene sola, pero hay que salir a su encuentro.
Ahora que me miro en el espejo y veo una barba poblada de pelos rojos y canos compruebo que poco tengo de chaval y sí mucho de abuelo.
Ser viejo es tener un pasado irremediable y carecer de tiempo para enmendarlo. Lo importante es aprovechar la vida, tópico pero cierto.
Siempre he tenido una consciencia aguda del paso del tiempo.
Pienso que cuando tenga que coger el tren de cercanías, que sea no muy pronto, más bien tarde, deberé ir ligero de equipaje para tan largo viaje, en un recorrido de ida pero sin vuelta, quizás no mire hacia atrás y partiré sin despedirme de nadie, para hacer ese largo viaje ¿a dónde?, donde el aire me lleve, quizás a ninguna parte, con tal de conseguir ser libre.
La libertad es un don que no se halla entre las cosas sino muy por encima; en eso se parece a la claridad.
Dice Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte ( 2013 ): que solo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, hacer bien el amor y escribir bien, actividades todas ellas importantísimas.

Con lo tarde que me acuesto
y lo temprano que me levanto
cualquier día me encuentro
conmigo mismo por el pasillo.

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